Los medicamentos para el dolor son aquellos fármacos que tienen un efecto modulador sobre el mismo y se refieren fundamentalmente a la familia de los analgésicos aunque siempre va a depender del tipo de dolor, tal y como explica, Diego Ayuso, secretario general del Consejo General de Enfermería. “Por ejemplo, el dolor producido por una lesión nerviosa tiene una expresión en forma de sensaciones eléctricas como calambres y hormigueo que tiene un tratamiento diferente a cuando la causa es una torcedura o un golpe”, señala.
También se suelen emplear antidepresivos aunque, en cualquier caso, estos medicamentos deben estar pautados por un especialista del dolor y siempre en dosis bajas para que la mejoría sea continua pero minimizando los efectos secundarios. “En ciertos casos, y no sólo en pacientes con cáncer, la única alternativa es el uso de opioides, derivados de la morfina, que si se utilizan correctamente son muy seguros y no existe riesgo de adicción”, reconoce. Para la clasificación del dolor, Ayuso menciona la realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que relacionada cada tipo con la utilización de una medicación.
Dolor leve: analgésicos no opioides.

Dolor moderado: opioides menores y analgésicos no opioides.

Dolor grave: opioides potentes y analgésicos no opioides.
Además, en todos los casos se debe complementar el tratamiento con coadyuvantes como los antidepresivos, los anticonvulsionantes o las fenotiazinas.

Medicamentos para el dolor en pacientes crónicos
Sin duda, las personas con enfermedades crónicas son las que requieren un control prolongado de este problema. Ayuso insiste en que es difícil concretar en qué casos es más necesario puesto que el dolor es un síntoma de que algo no funciona correctamente en el organismo. No obstante, el secretario general del Consejo General de Enfermería destaca algunas como la artrosis, la artritis, la fibromialgia, las migrañas, el síndrome de la fatiga crónica, la osteoporosis, la depresión exógena (causada por un factor externo), la diabetes, los trastornos vasculares, el herpes zoster y la mayoría de los tipos de cáncer.
En su experiencia, los analgésicos como el paracetamol, los antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno y naproxeno y los analgésicos basados en opioides menores o mayores son los más empleados en personas con enfermedades crónicas con un dolor leve o moderado. “La terapia se puede completar con otros medicamentos como son los corticoides, los antidepresivos, los ansiolíticos, los anticonvulsivantes o los llamados neurolépticos. Todos ellos potenciarán la eficacia de los analgésicos y tratarán algunos síntomas que aparecen habitualmente acompañando al dolor”, aclara.
Sobre el uso de derivados opioides, Ayuso comenta que los más potentes contra el dolor son aquellos que incluyen codeína, fentanilo, morfina y oxicodona.

Medicamentos para el dolor en pacientes con cáncer
Como se ha comentado, otro grupo importante de personas que requieren el uso de esta medicación son los afectados por cualquier tipo de cáncer. Al respecto, este experto insiste en que los pacientes no deben soportar ningún tipo de dolor así como tienen que estar bien informados sobre los posibles efectos secundarios para poder identificarlos fácilmente y no generen complicaciones.
“Los principales fármacos administrados contra el dolor en personas con cáncer son los analgésicos no opioides, los opioides o narcóticos y otros como los anticonvulsivos o antidepresivos para el dolor neural o los esteroides para la hinchazón, siempre siguiendo una escala de menos a más”, detalla.
A su juicio, el personal de enfermería juega un papel importante en el control del dolor tanto por la valoración del mismo, la educación sanitaria que imparte al paciente y la adhesión a los tratamientos.

Otras alternativas para tratar el dolor
En el caso de las personas con un dolor crónico, Ayuso indica que existen otras terapias complementarias o actuar cuando la medicación no funciona.

La estimulación eléctrica
La sensación de dolor en ciertas áreas puede reducirse con el uso de aparatos estimuladores que funcionan muy bien si se aplican sobre la piel, aunque otros más sofisticados hacen efecto cuando se aplican cerca del sistema nervioso: nervios, médula espinal, cerebro”, describe. Sin embargo, Ayuso recuerda que estas técnicas más invasivas se realizan solo si otros métodos más simples han fallado al intentar aliviar el dolor.

La rehabilitación
Los ejercicios y movimientos controlados de las extremidades con dolor suelen ayudar a restaurar la elasticidad de las articulaciones y músculos, lo que contribuye a mejorar la calidad de vida del enfermo.

Programas de tratamiento del dolor
“Algunas unidades para el tratamiento del dolor realizan programas especiales, como la Escuela de la Espalda, que duran de dos a cuatro semanas, durante las cuales se enseña al paciente a convivir con su dolor, incluso si el dolor no desaparece por completo”, asegura. En su experiencia, estos programas son más comunes en Estados Unidos, pero están llegando a Europa.

Apoyo psicológico
“Dado que el dolor puede tener un efecto psicológico sobre la vida del enfermo, el apoyo psicológico suele añadirse al tratamiento farmacológico. En ocasiones, hablar con un psicólogo puede ayudar a una persona a convivir mejor con el efecto negativo que el dolor puede tener sobre su vida social. La relajación o el bio-feedback son dos ejemplos de métodos utilizados por algunos psicólogos en estos casos”, detalla.

Otros métodos
Existen varios casos de dolor donde la mejor fórmula para aplacarlo es un bloqueo nervioso. “Se trata de técnicas muy sofisticadas para alcanzar el nervio causante del dolor, que consisten en agujas guiadas por rayos X o TAC, que realizan una interrupción parcial, temporal o permanente del nervio que transporta el dolor. Esta interrupción puede realizarse con sustancias químicas, frío o calor”, concluye.

 

Fuente: cuidateplus