De jarabe para la tos a combustible para la industria cementera. Y recuerde: «en los puntos Sigre ni se dejan radiografías, ni medicinas para enviar a los países más pobres, ni mascarillas, ni test de antígenos»

«Juan, ¿te dejo aquí las medicinas para el Tercer Mundo?’; ‘Juan, aquí te quedan las radiografías de cadera de mi madre’; ‘Juan, ¿los tests de antígenos y las mascarillas usadas las recogéis vosotros, verdad?». El farmacéutico Juan Enrique Garrido está «más que acostumbrado» a resolver las dudas de sus clientes sobre la recogida de medicamentos en su botica de Linares (Jaén). «La gente está cada vez más concienciada, no solo sobre la necesidad, sino también sobre la importancia de reciclar bien las medicinas, pero todavía surgen dudas y malentendidos sobre qué tipo de productos se pueden depositar en estos contenedores especiales. Nos hemos encontrado de todo; desde guantes a pruebas de embarazo o jeringuillas», asegura el también vocal nacional de las oficinas de farmacia del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos.

Porque en los más de 22.000 puntos Sigre de recogida de medicamentos instalados en farmacias de todo el país ni se dejan radiografías, ni antitérmicos para enviar a los países más pobres, ni mascarillas, ni test de antígenos… «Estos contenedores blancos son exclusivamente para medicamentos: pastillas, jarabes, colirios, cremas, cápsulas, ampollas, supositorios… Y se tienen que depositar tal cual en el punto de recogida, incluidos sus anexos. Es decir, se tira todo: el envase, la caja de cartón, el prospecto, la cucharita de medidas, la jeringa de plástico… Todo. No se debe hacer una separación previa porque eso ya lo hacemos nosotros en la planta de clasificación de envases y residuos que tenemos en la localidad vallisoletana de Tudela de Duero», explica Juan Carlos Mampaso, director general de Sigre.

Revisar el botiquín cada cierto tiempo es «un paso fundamental» para hacer una buena gestión de los residuos y no acumular cajas y cajas de medicinas en casa, «que muchas veces no sabes ni para qué son y encima corres el riesgo de automedicarte», alertan los expertos. Además de los medicamentos caducados, también se deben de llevar a la farmacia los envases vacíos y los tratamientos que se queden a medias. «Lo que sobre llévalo a la farmacia.No podemos tomar medicamentos por nuestra cuenta». Y muy importante: «Los restos de las medicinas (jarabes, pastillas, ampollas…) no se echan nunca por el desagüe», recuerda Mampaso.

JOSEMI BENÍTEZ

Antígenos y mascarillas

Otra cosa son los productos sanitarios como mascarillas (quirúrgicas, FFP2, FFP3…) o pruebas de diagnóstico (antígenos, embarazo…) que tantas veces acaban en el punto Sigre por equivocación, sobre todo a raíz de la pandemia. En este caso, se tienen que tirar en el mismo contenedor donde se depositan los residuos de origen doméstico que no son reciclables (fracción resto). «Hace años nos pasaba lo mismo con las radiografías. Todo el mundo nos las traía a la farmacia por desconocimiento», apunta Juan Enrique Garrido. Por cierto, que las radiografías no se tiran a la basura tampoco, lo correcto es entregarlo en centros sanitarios o en puntos limpios.

Otro error muy frecuente es pensar que los medicamentos se pueden reutilizar. Cuenta el boticario jienense y confirma el director general de Sigre que muchos clientes llevan a las farmacias medicinas que no usan o que se les han quedado a medias para que las entreguen a personas que las necesiten, una práctica que está prohibida por ley. «La normativa sanitaria impide vender o comercializar cualquier medicamento que sea devuelto o entregado en las oficinas de farmacia», precisan en Sigre.

Cuando las bolsas de los contenedores blancos se llenan, son retiradas en las mismas furgonetas que se encargan del reparto de medicinas a las farmacias y trasladadas a uno de los 143 almacenes de distribución repartidos por todo el país. De ahí, se llevan hasta la planta de clasificación de envases y residuos, donde se aprovecha el valor energético de los medicamentos para transformarlos en el combustible que después se usa como energía en plantas cementeras en sustitución del carbón y el fuel. «De jarabe para la tos a combustible. Se trata de intentar sacar el mayor rendimiento medioambiental a las medicinas», resume Juan Carlos Mampaso.

– ¿Por qué debemos tirar todo el embalaje del medicamento en lugar de separarlo en casa?

– Por una razón muy sencilla. En el caso del envase primario (el blíster de las pastillas, la botella del jarabe, el sobre de los polvos…) es porque está en contacto directo con el medicamento y es mejor que se trate en una planta especializada en lugar de depositarlo en el contenedor amarillo y que los restos de la medicina contaminen los demás residuos. Y en el caso de las cajas de cartón es porque nos dan información sobre el medicamento en cuestión, al margen de que también pueden contener restos de producto. Además, existen tratamientos para el cáncer que están catalogados como peligrosos (principalmente por citostóxicos y citostáticos) y no pueden entrar en el circuito para convertirse en combustible. De esta forma, si van dentro de la caja, los podemos identificar fácilmente (llevan distintivos informativos) antes de que entren en la cadena del reciclaje y se retiran.

Con 100 gramos por habitante y año, España se encuentra «en la parte media alta» de los países europeos que más medicamentos reciclan, «aunque este no es el objetivo. Lo que buscamos es minimizar el impacto medioambiental de estos envases y evitar la acumulación de medicamentos en los hogares».

Fuente: El Correo